Historia 10 (la entrevista)
No aliviarás mi preocupada mente? Eric Clapton
- Disculpe señora somos del canal 10, nos gustaría saber si conocía bien a sus vecinos y qué opina de lo que pasó anoche en la casa de al lado.
- Son de la tele? Pasen pasen, disculpen el desorden, es que con la cantidad de vidrios que hay por todos lados estamos limpiando desde la mañana. Siéntense por favor…Quieren tomar algo?
- No, gracias, así estamos bien. Qué puede decirnos de los sucesos de anoche?
- La verdad no mucho, sentimos los ruidos y alcanzamos a ver un haz de luz muy potente pero la verdad no puedo agregar nada más. El tema éste de los vidrios, no? Raro, se astillaron de una forma incomprensible.
- Sí. Extraño, sin duda.Conocía bien a sus vecinos?
- Bueno…Viví en este barrio toda la vida y conozco a todo el mundo por acá. A ellos nunca los traté pero nos saludábamos, claro. Eran gente educada…
- Nunca habló con ellos?
- No. Le diría que nadie del barrio hablaba tampoco. Nunca recibían visitas me parece.Daban la sensación de ser una familia unida. Tenían algo como distinto, no sabría explicar muy bien qué…
- A qué se refiere con distinto?
- No sé…Distinto…Sobresalían, altos, lindísimos, casi perfectos. Algo en el caminar…no podría explicarlo con exactitud. Parecían extranjeros. Pero no, sé por mi madre y mi abuela que también son de este barrio de toda la vida que ellos siempre vivieron acá. De buena posición económica también, supongo, una casa y parque que ocupa toda una manzana en este barrio…Tendrían plata supongo. Mucha.
- Algúna otra cosa que recuerde o quiera comentar?
- Lo pienso y la verdad…no. No se me ocurre nada. Encontraron los cuerpos?
- No, la policía no aclara mucho pero aparentemente está todo en perfectas condiciones salvo los vidrios, que están por todas partes y el enorme agujero en el techo.
- Qué extraño todo, no? Por el ruido pensamos en casa que había explotado algo…
- No, nada parece indicarlo…Muchas gracias por su tiempo señora.
- No, por favor, nada que agradecer. Y sí…es muy extraño todo… Preocupante. Mucho.
viernes
jueves
Cristales en la noche
Historia 9 (el resplandor)
Sólo un trozo de cristal que se rompió…José María Napoleón
Todo estaba en absoluto silencio.
Las copas de los árboles intentaban acariciar el cielo desde su altura.
La luna permanecía escondida detrás de la negrura de la noche.
Nada se movía.
Todo parecía suspendido en el tiempo.
Un sonido áspero y constante surgió de la nada, como un tambor seco de caña.
Como un llamado nostálgico en el medio del llanto.
Un haz de luz iluminó la casa desde arriba, penetró el techo y los vidrios se hicieron pedazos.
El ruido de la explosión, sordo y lastimero como la vida misma, interrumpió el sueño de los otros, los iguales y comunes, quienes se dirigieron a sus ventanas y puertas a comprobar un desastre anunciado.
Nada podía prepararlos para el espectáculo de la noche del acontecimiento.
Ni para el resplandor que los dejó en la ceguera total del olvido.
Envueltos en los cristales de la noche.
Sólo un trozo de cristal que se rompió…José María Napoleón
Todo estaba en absoluto silencio.
Las copas de los árboles intentaban acariciar el cielo desde su altura.
La luna permanecía escondida detrás de la negrura de la noche.
Nada se movía.
Todo parecía suspendido en el tiempo.
Un sonido áspero y constante surgió de la nada, como un tambor seco de caña.
Como un llamado nostálgico en el medio del llanto.
Un haz de luz iluminó la casa desde arriba, penetró el techo y los vidrios se hicieron pedazos.
El ruido de la explosión, sordo y lastimero como la vida misma, interrumpió el sueño de los otros, los iguales y comunes, quienes se dirigieron a sus ventanas y puertas a comprobar un desastre anunciado.
Nada podía prepararlos para el espectáculo de la noche del acontecimiento.
Ni para el resplandor que los dejó en la ceguera total del olvido.
Envueltos en los cristales de la noche.
Una incursión en los tics de la memoria
Historia 8 (hermano 4)
Se escape cielo adentro hacia una nueva dimensión…Los nocheros
No recordaba nada de su infancia.
No reconocía a nadie más que a sí mismo.
Si alguien le suministrara los medios o la vida lo hubiera bendecido con un poco más de inteligencia y de imaginación, los mataría a todos. Todos.
Creció callado y reservado en sus gestos y en sus palabras.
Una batería de tics eran parte de su ser que afloraban ante toda situación de stress o cuando se despertaba su soledad dormida.
Nunca tuvo amigos.
Lo criaron casi a reglamento y sin ningún interés (cuenta la leyenda familiar que recién le pusieron nombre a los dos años porque no les pareció importante el tema de la identidad).
Sobrevivió porque lo llevaba en las tripas, sólo por eso.
Siempre se las arregló bien solito, no ocupaba demasiado espacio (de hecho siempre durmió en un sillón del amplio living), usaba la ropa que los demás dejaban y era como un personaje que todos saben que está pero que realmente nadie ve.
Lo apodaban medio en broma medio en serio El Invisible, frecuentemente era el centro de algunas bromas familiares cuando había que matar los silencios a la hora de comer y era imperativo demostrar la pseudo unión familiar y sentarse todos a la mesa.
Juntó bronca en su ladino corazón desde siempre… quién se atrevería a culparlo?
Después de todo, era Nadie allí.
Un solo pensamiento daba vueltas en su cabeza todo el tiempo.
Matarlos a todos.
Desaparecer.
Quizá de esa forma fueran de una vez y para siempre una misma sangre, todos confundidos en la masacre de los cuerpos.
Matarlos a todos.
Desaparecer
Se escape cielo adentro hacia una nueva dimensión…Los nocheros
No recordaba nada de su infancia.
No reconocía a nadie más que a sí mismo.
Si alguien le suministrara los medios o la vida lo hubiera bendecido con un poco más de inteligencia y de imaginación, los mataría a todos. Todos.
Creció callado y reservado en sus gestos y en sus palabras.
Una batería de tics eran parte de su ser que afloraban ante toda situación de stress o cuando se despertaba su soledad dormida.
Nunca tuvo amigos.
Lo criaron casi a reglamento y sin ningún interés (cuenta la leyenda familiar que recién le pusieron nombre a los dos años porque no les pareció importante el tema de la identidad).
Sobrevivió porque lo llevaba en las tripas, sólo por eso.
Siempre se las arregló bien solito, no ocupaba demasiado espacio (de hecho siempre durmió en un sillón del amplio living), usaba la ropa que los demás dejaban y era como un personaje que todos saben que está pero que realmente nadie ve.
Lo apodaban medio en broma medio en serio El Invisible, frecuentemente era el centro de algunas bromas familiares cuando había que matar los silencios a la hora de comer y era imperativo demostrar la pseudo unión familiar y sentarse todos a la mesa.
Juntó bronca en su ladino corazón desde siempre… quién se atrevería a culparlo?
Después de todo, era Nadie allí.
Un solo pensamiento daba vueltas en su cabeza todo el tiempo.
Matarlos a todos.
Desaparecer.
Quizá de esa forma fueran de una vez y para siempre una misma sangre, todos confundidos en la masacre de los cuerpos.
Matarlos a todos.
Desaparecer
Yegua de la castidad
Historia 7 (hermana 2)
Si estás más solo que la luna, dejate convencer...Joaquín Sabina
Que digan lo que digan…
Total a quien le importa lo que puedan decir los otros, esos que se cagan en uno sin ser demasiado eficientes en disimular.
Siempre le tocó la figurita difícil en el álbum de la vida y la verdad que no le arrugó demasiado al destino ni a la familia.
Desde chica que intentaba ser parte sin saber muy bien de donde, arañando las paredes de la infancia sin encontrar explicación a los silencios de los grandes y la repulsa de los otros.
Creció descaminada para algunos, contestataria y rebelde, ajena y maldita en el croquis del orden parental.
Se sumergió primero en peleas fútiles para terminar como simple ánima maldita que confundía ser alguien con la identificación de grupos ochentosos de rock extranjero.
El negro era su color, su definición de muerte en vida, el ataúd cromático que la guardaba cálida y segura en una memoria inventada pour la galerie.
Desde los catorce que tenía claro que lo suyo no era guardar el sexo en conserva y se prodigó sin reservas con cualquiera…qué más daba.
Nunca conoció el límite aunque le hubiera encantado sufrirlo, ser una parte más del mecanismo de las rutinas que veía cotidianas en los otros, en aquellos de familias de propaganda de productos de limpieza o de fideos y salsas.
La realidad la enmarcó en el sitio equivocado pero no estaba dispuesta a correrse del espacio ocupado, no porque lo valorara sino por simple aceptación y pertenencia.
Era una más en el contorno de ese grupo homogéneo y estrafalario que era su familia y no estaba dispuesta al exilio ni a la solitaria diáspora.
Era lo que era, vivía a calzón quitado sin que se le escapara una lágrima.
Era una colgadura más en la hilacha del abrigo de sus padres, una boca más para mantener, una caricia menos para confortar.
Era lo que era y nada más, para que buscarle más explicación al asunto.
Puta, si señor…
A mucha honra.
Si estás más solo que la luna, dejate convencer...Joaquín Sabina
Que digan lo que digan…
Total a quien le importa lo que puedan decir los otros, esos que se cagan en uno sin ser demasiado eficientes en disimular.
Siempre le tocó la figurita difícil en el álbum de la vida y la verdad que no le arrugó demasiado al destino ni a la familia.
Desde chica que intentaba ser parte sin saber muy bien de donde, arañando las paredes de la infancia sin encontrar explicación a los silencios de los grandes y la repulsa de los otros.
Creció descaminada para algunos, contestataria y rebelde, ajena y maldita en el croquis del orden parental.
Se sumergió primero en peleas fútiles para terminar como simple ánima maldita que confundía ser alguien con la identificación de grupos ochentosos de rock extranjero.
El negro era su color, su definición de muerte en vida, el ataúd cromático que la guardaba cálida y segura en una memoria inventada pour la galerie.
Desde los catorce que tenía claro que lo suyo no era guardar el sexo en conserva y se prodigó sin reservas con cualquiera…qué más daba.
Nunca conoció el límite aunque le hubiera encantado sufrirlo, ser una parte más del mecanismo de las rutinas que veía cotidianas en los otros, en aquellos de familias de propaganda de productos de limpieza o de fideos y salsas.
La realidad la enmarcó en el sitio equivocado pero no estaba dispuesta a correrse del espacio ocupado, no porque lo valorara sino por simple aceptación y pertenencia.
Era una más en el contorno de ese grupo homogéneo y estrafalario que era su familia y no estaba dispuesta al exilio ni a la solitaria diáspora.
Era lo que era, vivía a calzón quitado sin que se le escapara una lágrima.
Era una colgadura más en la hilacha del abrigo de sus padres, una boca más para mantener, una caricia menos para confortar.
Era lo que era y nada más, para que buscarle más explicación al asunto.
Puta, si señor…
A mucha honra.
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